El episodio III de Star Wars y la ciencia no parecen llevarse muy vien que digamos. Veamos unos cuantos gazapos en la conclusión de la saga de precuelas de la conocida franquicia.

La batalla de Coruscant

Aunque casi fue la primera vez que la espectacularidad embargaba la pantalla desde que comenzásmos a seguir las aventuras de Obi-Wan y Anakin, la batalla inicial de la película tiene más de uno y más de dos gazapos de órdago. No quiero profundizar mucho en el hecho de que en el espacio no se propaga el sonido ni se producen explosiones (porque, honestamente, casi todo el cine de ciencia ficción rompe esta ley natural en favor de la espectacularidad), sobre todo cuando se habla de misiles cargados con androides «zumbadores» (lo que sea que signifique eso). Los cazas siguen moviéndose como si se tratase de cazas aéreos de la segunda guerra mundial, esto es, aeroplanos: no necesitan alas en el espacio (de hecho vemos un precursor del Ala-X por primera vez en la cronología de Star Wars). ¡Mal!

 

La nave del general Grievous

Asimismo, la caída del crucero de guerra del malvado general Droide no tiene sentido alguno. Partimos de la base de que la nave orbita el planeta Coruscant y que consta de sistemas de gravedad artificial. En un momento determinado de la acción, la nave es alcanzada por el ejército clon, destruyendo sistemas vitales, y la nave comienza a caer en picado hacia el planeta. Entonces en el interior de la nave todo se vuelve de lado. Esto no tiene sentido: si la nave cuenta con sistemas de gravedad artificial no debería haber alteraciones en la gravedad dentro de la misma, y si el disparo hubiera alcanzado dichos sistemas inutilizándolos, lo que ocurriría es que nuestros amigos Jedis flotarían por la nave en condiciones de caída libre. ¡Mal!

 

Aterrizaje forzoso

Una de las secuencias más aplaudidas de la película es a la vez una de las más ruinosas desde el punto de vista físico y de la lógica. La nave del general Grievous termina por desgajarse en la reentraada y planea (sin alas ni nada) por los cielos de Coruscant. Anakin consigue de alguna manera (sin flaps, alerones, aerofrenos o tan siquiera retropropulsores) aterrizar la nave en una pista de la gran ciudad. La nave en realidad habría entrado en barrena y habría caído prácticamente a plomo, con lo que nuestros amigos estarían muertos. ¡Mal!

 

Utapau

Me gustó mucho la secuencia que se desarrolla en el planeta Utapau: un mundo barrido por vientos huracanados, por lo que la sociedad se ha construido en cenotes y hoyos gigantescos en la roca madre del planeta, a salvo de los vientos. Es un magnífico ejemplo de lógica construcción de mundos. ¡Bravo!

 

 

Mustafar

El duelo más famoso de la galaxia tiene lugar entre Anakin Skywalker y Obi-Wan Kenobi. Sin embargo el lugar en el que tiene lugar es de lo más ilógico, una pequeña luna llamada Mustafar que orbita un gigante gaseoso. Aunque está bien asentado científicamente que un cuerpo satelital genere muchísima energía interna y geotermia por efectos de marea generados por el planeta que orbita (véase Ío, luna de Júpiter, el cuerpo más geológicamente activo de todo el sistema solar), es muy poco probable que éste tenga unas condiciones de temperatura tolerables o una atmósfera respirable, debido a la cantidad de gases tóxicos como el dióxido de carbono, monóxido de carbono, dióxido de azufre y ceniza en suspensión. Esta atmósfera no solo sería nociva para el ser humano (a no ser que portase un traje térmico protector y un sistema de respiración completo), sino que también dañaría seriamente las piezas móviles de una astronave o de un androide.

 

 

 


Autora del artículo: Elly Strum
Matemática Zumbada.
Soy el unicornio de Blade Runner.
Viva la ciencia y las croquetas con jamón.